Un discurso persuasivo es un texto oral (o escrito) cuya finalidad es influir en el receptor para que piense, sienta o actúe de una manera concreta.
No se limita a dar datos: elige los datos, los ordena, los conecta con emociones y termina con una llamada a la acción (algo que el público pueda hacer).
Persuasivo vs. argumentativo (la diferencia clave)
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Argumentar: defender una idea con razones (convencer por lógica).
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Persuadir: convencer y además provocar una adhesión emocional y práctica (convencer + mover).
En clase suelen ir juntos: un buen persuasivo necesita argumentos… pero también necesita enganchar.
Un poco de historia: Grecia y el “manual” de la persuasión
La persuasión se estudia desde los clásicos griegos: la retórica nace para hablar en público, debatir y defender ideas en la polis.
Y aquí aparece la tríada que te salva cualquier discurso:
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Ethos: credibilidad (¿por qué deberían escucharte?)
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Pathos: emoción (¿qué sienten al oírte?)
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Logos: razones (¿qué pruebas das?)
Si te suena, es normal: es el esqueleto de muchísimos discursos actuales, desde campañas hasta charlas motivacionales.
Cómo hacer un discurso persuasivo (estructura clara que funciona)
Puedes memorizar esta estructura como una receta:
1) Gancho (10–20 segundos)
Empieza con:
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una mini-historia,
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una pregunta,
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una imagen mental,
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o una frase contundente.
Objetivo: que te miren.
2) Tesis (tu idea en una frase)
Dilo sin rodeos:
“Hoy vengo a defender que…” / “Deberíamos…”
3) Tres argumentos fuertes (con pruebas)
El truco es que cada argumento tenga una prueba:
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dato o ejemplo real,
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experiencia cercana,
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comparación,
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consecuencia clara.
Conectores que te hacen sonar “pro”:
primero, además, por otro lado, en consecuencia, por eso.
4) Contraargumento + refutación (nivel pro)
Anticípate:
“Sé lo que estás pensando…”
y desmonta con calma.
5) Cierre persuasivo (emocional + acción)
Cierra con:
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una imagen final,
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una frase breve,
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y una acción concreta para el público.
Recursos que mejoran mucho tu persuasión (sin complicarte)
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Preguntas retóricas: “¿De verdad…?”
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Repeticiones/anástrofes (una idea, varias veces): “Es salud. Es libertad. Es futuro.”
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Ejemplos cotidianos: instituto, bus, barrio, amigos.
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Modalizadores (para sonar firme sin ser agresivo): “es evidente que”, “está claro que”, “lo razonable es”.
Puesta en escena (porque el discurso no es solo el texto)
En oral cuenta tanto qué dices como cómo lo dices: vocalización, tono, ritmo y gestos. Y un básico: mirar al público y hablar con claridad.
Plantilla rápida (para copiar y rellenar)
Gancho: (historia/pregunta)
Tesis: “Defiendo que…”
Argumento 1 + prueba: "En primer lugar..."
Argumento 2 + prueba: "En segundo lugar..."
Argumento 3 + prueba: "En tercer lugar..."
Contraargumento: “Algunos dirán…”
Refutación: “Pero…”
Cierre + llamada a la acción: “A partir de hoy…”
Ejemplo completo: discurso para convencer a jóvenes de usar la bicicleta
(Gancho)
Ayer salí del insti y vi lo de siempre: cola de coches, bocinazos, prisas… y gente esperando un autobús que venía lleno y con retraso. Y pensé: qué raro que normalicemos perder tiempo todos los días. En cambio, yo salí rápido, avancé más que los que iban caminando e incluso más que los coches. Solo tuve que coger mi bicicleta y pude llegar a casa y comer antes que la mayoría.
(Tesis)
Hoy quiero convencerte de una idea simple: usar la bicicleta para moverte por tu ciudad es una de las decisiones más inteligentes que puedes tomar.
(Argumento 1: libertad y tiempo)
Primero, por libertad. Con la bici no dependes de horarios ni de que te lleven. Sales cuando quieres y llegas cuando te lo propones. En trayectos cortos, muchas veces tardas igual o menos que en coche o bus, porque no te comes atascos ni esperas.
(Argumento 2: salud real, sin postureo)
Segundo, por salud. No te estoy diciendo “haz deporte” como si fueras a apuntarte al gimnasio mañana. Te digo algo más fácil: convierte tu transporte en ejercicio sin darte cuenta. Llegas a casa con la cabeza despejada y el cuerpo activado, no reventado de estar sentado.
(Argumento 3: dinero y futuro)
Tercero, por pasta y por futuro. La bici cuesta poco de mantener comparado con cualquier otra opción. Y además reduces humo, ruido y tráfico. Suena a “tema ecologista”, sí, pero en realidad es algo muy básico: tu calle es más vivible si hay menos coches.
(Contraargumento)
Ahora, lo típico: “Es peligroso” o “Me da vergüenza” o “Qué calor”.
(Refutación)
Peligro hay si hacemos como si la calle fuera solo de coches. Pero cuanto más se usa la bici, más carriles, más respeto y más seguridad. Y lo de la vergüenza… te lo digo claro: nadie se acuerda de ti más de 10 segundos. Cada uno va a lo suyo. Y el calor se arregla con una cosa muy seria: salir cinco minutos antes y llevar una camiseta extra.
(Cierre + acción)
Así que te propongo un reto realista: una semana. Elige dos trayectos cortos —insti, biblioteca, casa de un amigo— y hazlos en bici. Solo dos. Si al final de la semana no has ganado tiempo, aire y libertad, me lo discutes.
Pero si sí… ya lo sabes: no era pereza. Era costumbre.
Preguntas frecuentes sobre el discurso persuasivo
¿Cómo empiezo un discurso persuasivo?
Con una historia breve, una pregunta o una situación cotidiana que el público reconozca.
¿Cuántos argumentos son ideales?
Tres funciona muy bien: es claro, memorizable y te permite variar (razón, emoción, ejemplo).
¿Hay que incluir contraargumento?
No siempre, pero si lo incluyes y lo refutas bien, sube mucho el nivel.

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