La literatura del siglo XVIII


En este espacio vamos a mostrar de forma esquemática el contenido más representativo de la Literatura del Siglo XVIII, tema con el que comienza el bloque de Educación Literaria en 4º de ESO en algunos libros, aunque en otros casos el primer tema es el Romanticismo. En cualquier caso, la ley dice al respecto: 
Aproximación a las obras más representativas de la literatura española del siglo XVIII a nuestros días a través de la lectura y explicación de fragmentos significativos y, en su caso, obras completas.

En el siglo XVIII o Siglo de las Luces la literatura estará marcada por el espíritu ilustrado con un objetivo: INSTRUIR. Aunque el siglo arranca con algunas influencias del barroco y en la época final habrá algunos indicios preromanticistas, el siglo estará marcado por el Neoclasicismo, corriente procedente de Francia con las siguientes características:
  • Vuelta al mundo clásico.
  • Sometimiento a las reglas clásicas de creación literaria (principalmente a las de Aristóteles).
  • Entienden que el arte y la literatura deben buscar la utilidad.
  • Eliminación de la obra de arte de los sentimientos desbordados.
  • Imitación de la naturaleza.
En este siglo aumentará la importancia de la prensa, se consolida un género de prosa que impulsa el pensamiento como es el ensayo y se crearán instituciones culturales importantes como la Real Academia Española o la Biblioteca Nacional.

Veamos las características y principales autores en los distintos géneros

Poesía del siglo XVIII

Está marcada por la sencillez y los temas tradicionales.
Los autores más destacados son Juan Meléndez Valdés, Nicolás Fernández de Moratín (padre) y los fabulistas Samaniego e Iriarte. La cigarra y la hormiga

Prosa del siglo XVIII

El género que más destaca en este siglo es el ensayo.

  • Benito Jerónico Feijoo publica ensayos de diferentes temas como medicina o matemáticas destacando Teatro crítico universal.
  • Gaspar Melchor de Jovellanos. Sus publicaciones buscan impulsar mejoras en el país como Informe sobre la Ley Agraria.
  • José Caldalso escribe novelas y cuentos, siendo su obra más destacada Cartas marruecas.
Amplía la información sobre Cartas marruecas a través del libro de texto y lee la carta 75:


Carta LXXV


Del mismo al mismo

Al entrar anoche en mi posada, me hallé con una carta cuya copia te remito. Es de una cristiana a quien apenas conozco. Te parecerá muy extraño su contenido, que dice así:

«Acabo de cumplir veinticuatro años, y de enterrar a mi último esposo de seis que he tenido en otros tantos matrimonios, en espacio de poquísimos años. El primero fue un mozo de poca más edad que la mía, bella presencia, buen mayorazgo, gran nacimiento, pero ninguna salud. Había vivido tanto en sus pocos años, que cuando llegó a mis brazos ya era cadáver. Aún estaban por estrenar muchas galas de mi boda, cuando tuve que ponerme luto. El segundo fue un viejo que había observado siempre el más rígido celibatismo; pero heredando por muertes y pleitos unos bienes copiosos y honoríficos, su abogado le aconsejó que se casase; su médico hubiera sido de otro dictamen. Murió de allí a poco, llamándome hija suya, y juró que como a tal me trató desde el primer día hasta el último. El tercero fue un capitán de granaderos, más hombre, al parecer, que todos los de su compañía. La boda se hizo por poderes desde Barcelona; pero picándose con un compañero suyo en la luneta de la ópera, se fueron a tomar el aire juntos a la explanada y volvió solo el compañero, quedando mi marido por allá. El cuarto fue un hombre ilustre y rico, robusto y joven, pero jugador tan de corazón, que ni aun la noche de la boda durmió conmigo porque la pasó en una partida de banca. Diome esta primera noche tan mala idea de las otras, que lo miré siempre como huésped en mi casa, más que como precisa mitad mía en el nuevo estado. Pagome en la misma moneda, y murió de allí a poco de resulta de haberle tirado un amigo suyo un candelero a la cabeza, sobre no sé qué equivocación de poner a la derecha una carta que había de caer a la izquierda. No obstante todo esto, fue el marido que más me ha divertido, a lo menos por su conversación que era chistosa y siempre en estilo de juego. Me acuerdo que, estando un día comiendo con bastantes gentes en casa de una dama algo corta de vista, le pidió de un plato que tenía cerca y él la dijo: -Señora, la talla anterior, pudo cualquiera haber apuntado, que había bastante fondo; pero aquel caballero que come y calla acaba de hacer a este plato una doble paz de paroli con tanto acierto, que nos ha desbancado. -Es un apunte temible a este juego.

»El quinto que me llamó suya era de tan corto entendimiento, que nunca me habló sino de una prima que él tenía y que quería mucho. La prima se murió de viruelas a pocos días de mi casamiento, y el primo se fue tras ella. Mi sexto y último marido fue un sabio. Estos hombres no suelen ser buenos muebles para maridos. Quiso mi mala suerte que en la noche de mi casamiento se apareciese una cometa, o especie de cometa. Si algún fenómeno de éstos ha sido jamás cosa de mal agüero, ninguno lo fue tanto como éste. Mi esposo calculó que el dormir con su mujer sería cosa periódica de cada veinticuatro horas, pero que si el cometa volvía, tardaría tanto en dar la vuelta, que él no le podría observar; y así, dejó esto por aquello, y se salió al campo a hacer sus observaciones. La noche era fría, y lo bastante para darle un dolor de costado, del que murió.

»Todo esto se hubiera remediado si yo me hubiera casado una vez a mi gusto, en lugar de sujetarlo seis veces al de un padre que cree la voluntad de la hija una cosa que no debe entrar en cuenta para el casamiento. La persona que me pretendía es un mozo que me parece muy igual a mí en todas calidades, y que ha redoblado sus instancias cada una de las cinco primeras veces que yo he enviudado; pero en obsequio de sus padres, tuvo que casarse también contra su gusto, el mismo día que yo contraje matrimonio con mi astrónomo.

»Estimaré al señor Gazel me diga qué uso o costumbre se sigue allá en su tierra en esto de casarse las hijas de familia, porque aunque he oído muchas cosas que espantan de lo poco favorable que nos son las leyes mahometanas, no hallo distinción alguna entre ser esclava de un marido o de un padre, y más cuando de ser esclava de un padre resulta el parar en tener marido, como en el caso presente».

Teatro del siglo XVIII

Las obras teatrales que se componen en este siglo están marcadas por la verosimilitud con argumentos sencillos y que no alteren el buen gusto.

Autores de teatro


  • Leandro Fernández de Moratín. El sí de las niñas. Amplía la información sobre este autor y esta obra a través del libro de texto.
  • María Rosa de Gálvez. Autora malagueña que escribe comedias tanto propias como traducciones del francés y tragedias con base histórica. Entre sus comedias destaca Un loco hace ciento. Enlace en PDF